ÓRBITAS
Definitivamente, mi cuerpo se ha partido en dos mitades.
-De mi alma hace tiempo que no tengo noticias,
la última vez que hablamos estaba descarriada,
no se sentía segura de a qué carta quedarse-
Hace ya muchos años que lo había previsto:
tanto quejarse y tanto desatino llevaba a la ruptura,
ni siquiera comprendo como han vivido juntas.
La mitad más amable, la más civilizada y solidaria,
no podía soportar ya por más tiempo
las inútiles quejas y quebrantos de la mitad nostálgica;
y aunque quería avanzar, hacer proyectos, amar a una muchacha,
subir montañas, surcar todos los mares y conocer el mundo,
la otra, más presta al nihilismo, no hacía sino ponerle
piedras en el camino, obstáculos siniestros.
Estaba todo el día llevándola al pasado y evocando
cuitas y sinsabores que habían sufrido juntas.
La mitad melancólica se entusiasma con Bécquer
y sabe de memoria lo de:
Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,...
La otra mitad recita entusiasmada poemas de Neruda
y hasta levanta el puño si es ocasión propicia.
Si me miro, curioso, en un espejo,
en el rostro se observan claramente
una mitad que lleva barba blanca
y un ojo que parece un poco vago;
otra mitad, sin pelos y muy pulcra
mirando al horizonte como en sueños.
No quiero decantarme, sin embargo,
porque en cada mitad descubro siempre
algo que se asemeja a mi persona.
|